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Querido padre de mi respetado compañero
Dear father of my respected fellow

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A través de una rendija en una ventana mal cerrada entraban diminutos fragmentos de lluvia espumosa así como un flujo plano de aire que producía una sensación magnífica. Dos individuos sentados en sillas separadas se miraban de forma incómoda. De vez en cuando tosían tímidamente. No había nadie más en la sala. Al parecer habían llegado demasiado pronto. Los comisarios no había aparecido aún, ni siquiera el artista. Quizás ya había acabado, al fin y al cabo ninguno de los dos sabía exactamente a qué hora se suponía que empezaba todo. Uno de ellos decidió mantener contacto visual directo con el otro, sin parpadear. Como si quisiera esconder sus dudas detrás de una mirada firme y segura. Como si quisiera superar a
un adversario.

'Querido padre de mi respetado compañero…’

¿Disculpe?

‘…me alegra tener la oportunidad de escribirle.’ La carta, estoy leyendo lo que el tal Darius nos envió. Tengo curiosidad por saber si nos escribió exactamente lo mismo a todos. ¿Te importa si continuo? Es por hacer tiempo.

Bueno.

‘Espero que al recibo de este correo se encuentre bien. Deseo aprovechar esta ocasión para invitarle a asistir a un evento en la Fundación Suñol de Barcelona.’ Me suena todo un poco forzado. Es como si lo hubiera traducido directamente de otro idioma, con el traductor de Google o algo así. Me chirría alguna cosa.

Sonaba de vez en cuando el claqueteo de las piedras de granizo. La pared de la ventana parecía moverse lentamente hacia la puerta, como si la sala menguara. Los dos individuos se retorcieron de forma sutil en un gesto minúsculo simultáneo.

‘Me parece importante compartir con usted una idea, esperando que usted también la encuentre igualmente importante. A lo largo del tiempo que me he dedicado a la práctica como artista he sido apoyado de diversas maneras por mis padres, es por eso que pienso que parte de mis resultados creativos les pertenecen. A diferencia de los compañeros y amigos que me ayudan en mi producción artística, mis padres raramente reciben algo de realimentación.’ Realimentación… Querrá decir “feedback”.

‘Realimentación’ me suena bien a mí.

‘Intentando reflejar esta situación una vez invité a mi madre a una exposición bastante similar a esta. La invité a formar parte de la exposición con su propio trabajo – es decir, yo. Encuentro que es extraño a la vez que placentero asumir que alguien puede estar interesado en esto de la misma forma que yo lo estoy. Deseo expresar mis simpatías con los comisarios de la Bienal de Lion de 2007, la exposición que aceptó a mi madre como artista y a mí como pieza. Deseo agradecer a los comisarios y gestores de la Fundación Suñol y a mi amigo Raimundas, comisario que propuso introducir la idea en una escala mayor. Estoy convencido de que esto podría ser relevante para toda la escena artística. Pasa todo el tiempo –los hijos se convierten en proyecciones de sus padres, los cuales son, de la misma forma, proyecciones de sus propios padres.’

A mí jamás se me hubiera pasado por la cabeza dedicarme al arte, y aún menos a mi padre, que trabajaba en el campo. Si es que ni siquiera tenía tierras, trabajaba para otros.

‘Para su consideración, añado aquí un fragmento de una carta que he enviado a la organización de la exposición.’ Y sigue: ‘Los padres de algunos artistas de Cataluña son invitados a Barcelona para conocer a los comisarios de esta exposición que les informaran sobre qué tipo de “obras” realizan sus hijos. Para cuando lleguen a la exposición se darán cuenta de que ellos han acabado convirtiéndose en artistas de sus propias obras (sus hijos).’

Yo ya conozco la obra de mi hijo. Mi garaje fue su taller durante más de cinco años.

La inclinación de la sala se estaba volviendo cada vez más pronunciada y el hecho de estar subiendo lentamente le dio la sensación de que o bien él estaba aumentando de tamaño físico o bien era el otro que estaba encogiendo relativamente de alguna forma, o de que en cualquier caso la disparidad física entre ambos se estaba volviendo menos marcada. Se le ocurrió también que no se acordaba de la última vez que había comido. Ya no sentía la pierna derecha.

‘Así pues, con todo mi respeto le deseo invitar a la Fundación Suñol para formar parte de un encuentro entre padres de artista, donde podría conocerse con otros padres de artistas catalanes.’ Eso parece que lo estamos cumpliendo. ‘Espero que se sienta cómodo con esta idea. La organización de la Fundación Suñol les proporcionará cualquier cosa que necesiten. Por mi parte les prometo que editaré un álbum fotográfico del encuentro y lo distribuiré entre los participantes. Confío que acepten la invitación y espero verles pronto.
Se despide cordialmente,
Darius Miksys, artista lituano’

Mmm… Ahora recuerdo que mi carta empezaba de una forma mucho más extraña. Quiero decir que no entiendo porqué escribió algo así. Dice: ‘Querido padre de mi muy respetado colega catalán, Me alegra poderle escribir. Espero que al recibir esta carta se encuentre bien, regocijándose y viviendo profundamente el espíritu con su energía, vida y esperanza.’ No puedo imaginar a qué se refiere con esto. Como no sea la traducción literal de alguna expresión en lituano.

Puede que tenga relación con los proyectos de tu hijo.

No que yo sepa.

Curioso que me decepcione no tener un saludo tan peculiar como el de tu carta, ¿verdad?

Es más bien raro. Pero sigue: ‘Deseo invitarle a asistir a un encuentro de padres el próximo 19 de Diciembre en Barcelona. Estoy organizando este encuentro en el marco de una exposición en la Fundación Suñol. Permítame explicarle porqué. En algún momento a principios de los ochenta estaba sentado en el asiento del copiloto de nuestro coche, sosteniendo en mis manos un set nuevo de herramientas de arte: un caballete portátil, témperas, carboncillo y pinceles. Tenía catorce años y estaba a punto de aplicar para entrar en la escuela de arte, cosa que en realidad no me acababa de entusiasmar. Prefería verme estudiando alguna ingeniería antes que arte. No obstante, mi madre tenía una opinión completamente opuesta. Argumentaba que la ingeniería podía parecer atractiva pero que, en realidad, no era más que rutina. Y ella, ingeniera de profesión, parecía saberlo.’ Mmm. No encuentro que problema hay con tener un trabajo rutinario. Es algo muy sano, siempre que estés a gusto, claro.

Sí, si tuviera que ir cada día a limpiar platos y estarme una jornada de 12 horas enclaustrado en una especie de trastero… Me hubiera puesto enfermo la segunda semana de empleo. Si al menos te pagan bien. Aunque bueno, luego a parte tengo un familiar que era comercial de una empresa muy pequeña y aún explica como nunca trabajó dos días seguidos haciendo lo mismo. Y lo dice contento, con orgullo.

Y sigue: ‘Con los nuevos juguetes en mis manos debía decidir qué hacer. Pues bien, ahora soy artista y me encanta la rutina — no la mía, sino la de los demás. Para mí, pasar el rato en la oficina sería un sueño y nunca aconsejaría a mis hijos que se hicieran artistas, pues es bastante rutinario (a mi entender).’

Mira qué bien.

Durante todo aquel rato se habían estado mirando a los ojos, y llegado aquel momento él ya podía bajar la vista, por así decirlo, para ver las volutas y las distintas partes del pelo del otro individuo y los numerosos trozos de plástico y restos de comida que había enterrados en su lustrosa masa.

Y continua: ‘Me pregunto qué motivos hacen que otros padres apoyen a sus hijos a ser artistas. Para mí, es difícil de creer que usted no haya participado en esta decisión: ser un artista es una posición específica, cosa que requiere preocupación, cuidado y apoyo durante largo tiempo por parte de la familia y el estado. De hecho, creo que los padres que apoyan a sus hijos a convertirse en artistas están produciendo el artista, y son, por tanto, artistas no reconocidos.’ No sé qué pensar… Si somos todos artistas, ¿somos todos autores de todo? ¿Somos responsables de cualquier cosa que hagan nuestros hijos?

Yo diría que los padres de un artista son responsables de la obra de su hijo de la misma forma que lo es el galerista que la vende. O el profesor que tuvo en segundo de carrera y le motivó para seguir estudiando. O la mujer que descubrió su colección de copias a carboncillo de hace varios años y, habiendo reconocido cierto valor estético, quiso difundirla para conseguir algo de fama efímera. O el abuelo que una vez abusó de él y que, a causa de esto, ahora tiene una forma de hablar peculiar y un tic en un ojo que lo hacen pintoresco y fácil de recordar para los comisarios y críticos. Es como si digo que me siento responsable de cómo caga mi hijo por haberle enseñado a usar el retrete. ¿Se limpia sentado? ¿Levantándose del todo y poniendo el trasero en pompa? ¿O quizás usa el bidet? Mi padre siempre ha usado el bidet pero, que yo recuerde, él nunca me enseñó a usarlo. Yo solo lo utilizo para limpiarme los pies en verano.

Creo que casi nadie recuerda los detalles ni las consecuencias psíquicas de cómo hemos aprendido a usar el retrete. Si algún día tengo razones para querer saberlo tendré que preguntárselo directamente a mis padres, pero supongo que negarán el recuerdo. A veces ser un padre puede ser un rollo desagradable.

Una vez alguien me comentó que su hijo había aprendido a ir al baño solo. Que no había experimentado ninguna enseñanza formal de cómo usar el retrete, sino que simplemente le habían retirado de forma abrupta y sin explicaciones todos los pañales a los cuatro años de edad. A esa misma edad lo metieron en el parvulario donde las consecuencias sociales nada ambiguas lo motivaron para aprender casi de inmediato para qué servían los retretes y cómo usarlos.

Vaya, como a un niño al que llevan en bote lejos de la orilla y luego le enseñan a nadar al viejo estilo.

No es mala idea tampoco. De hecho, quizás mi hijo empezó a interesarse por el arte de la misma forma. A lo mejor aprendió al viejo estilo.

La carta sigue: ‘Tengo curiosidad de discutir con usted algunas de las siguientes preguntas: ¿Cómo se produce el artista? ¿De dónde vienen los artistas? ¿Hay características particulares en el entorno de una persona que la hacen artista? ¿La gente hace que los artistas crean que son artistas o a la inversa? ¿Cuándo se empieza a ser artista? ¿Es posible que las decisiones de vida y carrera puedan provocar y terminar la formación del artista? ¿Se puede escoger convertirse en artista o hay cualidades predefinidas que lo hacen inevitable?’

Hombre, hay algo de innato ahí. Creo que era esa bailarina famosa que decía que para bailar bien no era suficiente con trabajar duro. Que se debía nacer con ciertas cualidades.

¿Coco?

¿Qué? Es como cuando yo salía de fiesta con mi cuadrilla. A penas tenía 16 años pero podía beber más del doble que los demás. Una vez me bebí diez cubatas de vodka del tirón y yo tan pancho, nunca me llegó a sentar mal. Tenía un amigo que tuvo un coma etílico después de beber cinco cubatas, que tampoco es tanto ¿no? Aunque quizás es lo normal. Muy probablemente lo raro era que yo pudiera beber tanto. En parte me avergonzaba, era realmente desconcertante. Quiero decir que a mí nadie me enseñó a aguantar el alcohol de esta forma, era algo innato. Nací así.

Sí, hay ciertas habilidades que tenemos que no sabemos de dónde vienen. Yo, hasta los 11, era solista del coro de la Escolanía de Montserrat. Después me cambió la voz. Ahora a veces voy a algunas reuniones para reencontrarme con los compañeros, por nostalgia. Pero en realidad nunca me gustó ser solista. Una vez me entró la risa floja a media canción y el resto del coro tuvo que parar y esperar a que se me pasara la tontería. Todo esto delante de centenares de personas.

Tenía un compañero en secundaria que, en los vestuarios, cuando nos teníamos que duchar después de Educación Física, siempre lo hacía con calzoncillos. Él había llegado a mediados del segundo curso, su familia había emigrado des de un país caribeño, no recuerdo de dónde exactamente. La cuestión era que tenía un pene muy grande, al menos en comparación con la media de nuestra clase, y le daba mucha vergüenza enseñarlo. Tiempo después descubrió el don que tenía.     

Es como si todas estas habilidades se hubieran fundamentado sobre un trauma inconsciente. El hecho de hacer algo de forma puramente natural y que, por esto mismo, deje de ser natural para lo que tenía que ser. Como quien es capaz de tocar cualquier canción sin haberla escuchado antes. Como hacer arte sin manos.

Las vaharadas de su aliento parecían golpear hasta el último minúsculo cilio de la mejilla y la sien de él. La pared contraria había empezado a contraerse emitiendo un leve chirrido.

Yo recuerdo exactamente como mi hijo entró en el mundo del arte. Sin previo aviso. Él había estudiado un grado medio en una escuela de audiovisuales y estaba trabajando en una televisión local como cámara. La programación era malísima aunque él siempre la defendía. Decía cosas como que ‘la lógica de la programación era perfecta y que llevaba inexorablemente al desnudamiento final’. Nunca lo acabe de entender. La cosa es que un día, en un programa en directo, hubo una complicación relativa a la cámara de la que él era responsable: Encuadró dentro de su campo visual el monitor que mostraba la imagen que venía de su cámara, causando un efecto conocido en el ramo como brillo de feedback, de forma que los espectadores veían una luz abrasadora y amorfa proyectada detrás del presentador. A causa de esto perdió el empleo en la cadena pero descubrió el video arte.

Yo no te sabría decir qué hace el mío. De pequeño siempre dibujaba.

Bueno, continuo con la carta: ‘Me encantaría podernos encontrar para debatir sobre éstas y otras cuestiones en la Fundación Suñol de Barcelona el próximo 19 de Diciembre a las 18h.
Atentamente,
Darius Miksys’

Credits

Performed in 'Literartura', organized by Helena Rotés
Fundació Suñol, Barcelona. 2016